Archivador

Soy travesti y ustedes se preguntarán por qué estoy aquí

El siguiente texto es de Claudia Rodríguez, escritora y activista travesti, referente en la lucha de los derechos humanos para la comunidad LGBT en el país, y con él abrió el primer Plenario de la Política Nacional del Libro  y la Lectura realizado en FILSA 2016.

“Soy travesti y ustedes se preguntarán por qué estoy aquí ¿Qué cosa tan importante podría decir una travesti a este honorable público? ¿Qué podría decir una travesti sobre la Política Nacional de la Lectura y el Libro en Chile? ¿Cómo podría una travesti elaborar una reflexión decente sobre el libro y la lectura?

¡Y esto mismo me pregunto yo!

Pero como soy una travesti pobre y resentida voy hacer un esfuerzo, porque “me gusta hacerme la linda”, como si fuera inteligente, como si fuera una escritora o una poeta famosa.

Claudia Rodriguez filsa
Foto: Natalia Espina

Debo decir que desde chiquitito me dijeron que soy tonto, entre otras cosas, pero a mí me gusta hacerme la linda. Desde chiquitito, como una tonta incapaz de leer el mundo, me hago la linda, como para sobrevivir. Cuando una nace pobre, poblacional, parece que para un niño travesti no queda más que hacerse la linda para sobrevivir. Cuando una nace pobre, con una pobre educación, el travestismo se construye como una especie de espectáculo cómico, un show, una experiencia banal, sin contenido.

La experiencia travesti en la población es más patética que la misma pobreza. En los campamentos los niños afeminados entendemos que merecemos la discriminación, la violencia y el mal trato psicológico de los pobres. Pobres que son nuestra propia familia, padres y nuestros hermanos, y también los profesores, ellos de quienes se debe esperar protección y educación, también de ellos recibimos desprecio.

Hoy tengo 47 años y como activista travesti, reflexiono sobre mi infancia y la infancia de todas mis amigas travestis que nacimos justo en ese momento, en el momento en que el pueblo de Chile sufrió una dictadura militar que lo marcó todo, incluso la educación de los chilenos y chilenas. Mi educación sufrió La sangrienta dictadura militar del país, mi infancia fue carne invisible de esa tragedia. Mi infancia, en esa educación, mi cuerpo, mi deseo y todo mi mundo fue excluido de todo lo importante de la nación, por razones semejantes a las de lo peligroso de cualquier disidencia ideológica y política. El pensar políticamente distinto fue ser un enemigo al que había que eliminar de este territorio.

Para el caso de las personas travestis, aún existe una marca que se mantiene hasta ahora, para la sociedad actual somos experiencias de vidas banales. Al decir banales me refiero a existencias que no importan, somos existencias que no tienen importancia para la patria.

La marca, la cicatriz, la exclusión, la invisibilidad de nuestras existencias en el sistema educacional, el caernos del sistema educacional, la deserción de las travestis del sistema escolar nos ha determinado existencias banales y analfabetas. Es decir, desde mi perspectiva, el ser raras, afeminadas, y por estas razones al no adherirnos al modelo de educación, no solo impidió que aprendiéramos a leer y escribir, sino que se produzca la peor de las violencias de la modernidad, una violencia grave de los derechos humanos, me refiero a la incapacidad de defendernos, de defender nuestro derecho a existir aquí, en este territorio, raras, feas, maltrechas, pero con la capacidad de hacer reflexiones críticas respecto de nuestro propio mundo. El mundo no cree que podemos ser inteligentes y capaces.

Se cree que lo diferente es grotesco y monstruoso, he sido tan odiada que tengo razones para escribir. Nunca fui una esperanza para nadie, junto las letras y escribo mediocremente sobre este vacío. Escribo porque no he sido la única. Con mis amigas travestis hemos sido rechazadas porque el cuerpo es sagrado y con él no se juega. Por eso escribo, por todas las travestis que no alcanzaron a saber que estaban vivas por la culpa y la vergüenza de no ser cuerpos para ser amados y murieron jóvenes antes de ser felices.
Murieron sin haber escrito ni una carta de amor.

Se podría decir que yo crecí sin saber que no me sabía defender, porque no sabía ni leer ni escribir. Por mi historia, se podría decir que a pesar de haber estudiado hasta la enseñanza media, solo hasta mis 20 años no sabía que yo, aunque fuera así, un joven afeminado, una loca arrebatada, no sabía que tenía derecho a tener derechos humanos. Fue a mis 20 años que por primera vez leí la declaración universal de los derechos humanos y por primera vez leí a esa edad algo que me importó, por primera vez leí un texto que decía algo que me importaba, un texto que se relacionaba directamente con mi vida, con la importancia de mi vida, un texto que me unía a la importancia de este territorio y su historia.

Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia, de religión y creencia.

Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión.

Lo que quiero decir, lo que me estoy esforzando en decir, es que antes nunca leí nada que dijera algo de mí, lo que me estoy esforzando en decir con todas mis cicatrices a cuestas es que ningún texto me importó antes porque leía libros, me obligaban a leer libros que no me incluían sino todo lo contrario. Es decir, en mi vida durante 20 años leí escritura que me negaba, literatura que me mentía, durante 20 años me rodeó un mundo de palabras que me odiaba y esperaban mi desaparición. Quiero decir hasta los 20 años viví en un mundo arrebatado. Nací aquí pero sin porvenir. Mi destino era ser otra analfabeta y morir callada.

Hoy puedo decir, aquí frente a ustedes, que aprendí a leer y me esfuerzo en ser inteligente y escribir sobre todo esto, porque aprendí que esto importa, aprender a leer y escribir importa principalmente porque todas y todas podemos leer cosas que nos importan, que hablen de cosas que se nos acercan para encontrarnos, para encontrarnos y saber cómo defendernos, porque una puede llegar a descubrir que podemos ser raras, pobres y feas, pero capaces, sí, excluidas pero inteligentes, que una puede ser monstruosa pero liberadora de las marcas y cicatrices de cualquier historia, de cualquier pasado que nos niegue.

Hemos llegado a este punto, tenemos que hacernos cargo, hoy estoy hablando aquí, siendo quien soy, una travesti de un mundo arrebatado, no para decir que todo se ha solucionado, estoy aquí para apuntar, que aquí con la historia de este territorio, ninguna existencia sobra, nunca más, ni una debe ser considerada estar de más, y principalmente nunca “ni una menos”.

Por la historia de este territorio que nos pertenece, debemos defender que la diversidad de la sexualidad es un derecho humano, y debemos enfrentarla sin miedo ni vergüenza.

Las travestis debemos tener derecho a leer sobre lo que escriban otras travestis.

Finalmente, agradezco esta invitación para hablarles cara a cara y decirles, desde mi perspectiva, que el acceso a la lecto escritura, desde la infancia es un reconocimiento a la propia importancia de existir, que la lecto escritura debe reconocer la diversidad de los seres humanos, que la lecto escritura debe recoger la diversidad de los seres humanos, la escritura y los libros debe asumir todo lo que somos, para apostar a sus capacidades e inteligencia. Que nunca más las políticas de educación, de la lectura y el libro, dictaminadas o implícitas, nieguen la existencia de quienes en realidad somos.

Quiero decir que todo el mundo tiene derecho a escribir y leer cartas de amor, hasta las arrebatadas como yo.

Quiero decir que la lectura, la escritura y los libros nos necesitan, los libros, la industria de la literatura necesitan de escrituras arrebatadas, feas y monstruosas como yo”.

Comentarios